27 octubre, 2016 adminsemillas

Dejar de ser invisibles

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Sus pies descalzos, que marcan el ritmo de una danza, representan el cierre de un proceso que inició en 2015. Entonces, ellas, las mujeres que bailan — provenientes de la Costa Chica de Guerrero y Oaxaca — , iniciaron un programa de formación en temas de derechos humanos, género, racismo y liderazgo que esta tarde de 2016 en el Museo de Memoria y Tolerancia de la Ciudad de México las hizo gritar con fuerza: “Las mujeres afromexicanas levantamos la voz: no más invisibilidad, no más exclusión, no más racismo”.

Es mucho lo que está pendiente. Así lo han recalcado este 12 de octubre de 2016, al mencionar, por ejemplo, que el 6.9% de personas afrodescendientes que tienen 15 años o más son analfabetas, siendo las mujeres las que menos acceden a la educación: 8.4% no saben leer ni escribir, según la Encuesta Intercensal 2015 del INEGI.

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Y, por ello, las mujeres agrupadas en distintas organizaciones, redes y asociaciones civiles, elaboraron una declaratoria en la que demandan, entre otras cosas:

  • Que el gobierno federal les reconozca constitucionalmente como Pueblos Afromexicanos “en reivindicación de nuestras importantes contribuciones a la historia y al desarrollo de este país”.
  • Que se genere una campaña en los distintos niveles de gobierno [municipal, federal y estatal] “que diseñe e impulse programas de sensibilización sobre la cultura e historia de nuestros pueblos”.
  • Que se les garantice una vida libre de discriminación, violencia y desigualdad, “respetando nuestros derechos humanos e identidad como mujeres afromexicanas”.

La lista de problemáticas que enfrentan los y las afrodescendientes (que son 1.4 millones de personas en México, de las cuales 705 mil son mujeres) incluye la falta de acceso a la salud, siendo las mujeres embarazadas de las principales afectadas, pues se les niega atención oportuna porque se cree “que las mujeres negras aguantan más”. No sólo eso, estas mujeres también denunciaron que son víctimas de violencia sexual pues predomina el estereotipo de que “las mujeres negras son sexualmente disponibles”.

Maribel Santiago Arellanes es una de las mujeres que fue invitada a participar en el programa organizado por Fondo Semillas y el Instituto de Liderazgo Simone de Beauvoir (ILSB), quienes se acercaron a esta población partiendo, en parte, de la premisa de que el movimiento feminista de nuestro país no podía excluir a las voces afromexicanas.

“Soy del municipio de Ometepec, Guerrero. Hablo una lengua indígena que es amuzga. Ahora que tomé el taller yo me siento orgullosa de ser indígena y de ser también negra, porque mi descendencia es de las dos partes; entonces, esta lucha me motiva, me emociona, porque sí quisiera que se llegara a dar este reconocimiento, porque muchas de nosotras que estamos aquí hemos sufrido discriminación.

“Yo cuando era pequeña sufrí la discriminación de las dos partes, tanto del indígena como del negro, precisamente por eso estoy en esta lucha. [El acercamiento a este taller y encuentro] fue porque me invitaron y no dejé de asistir a ninguno de los talleres. Y me ha encantado, me ha apasionado, pude saber quiénes eran mis ancestros, nunca me preocupé por buscar mis orígenes. Esto nos consolida, porque vemos también a otras compañeras que han sido discriminadas, estos talleres nos han fortalecido para seguir adelante, luchando. En este foro yo pensaba ver a más gente que nos escuche, medios, autoridades”.

Otra de las mujeres que llegó a la Ciudad de México para exigir sus derechos es Martha Edith Bacho Mariche, de la comunidad de Collantes, del municipio oaxaqueño de Pinotepa Nacional.

Yo soy nueva en esto, pero la verdad estoy emocionada. He aprendido mucho de mis compañeras. Yo me siento afortunada de que estuve en el foro. Queremos dejar de ser invisibles, todos tenemos derecho a decir lo que pensamos, a la salud. […] Y con mi pareja, bueno, él no está convencido del todo, me dice que lo dejo todo el tiempo, pero apenas, antes de salir para acá, me dijo: ‘Ya te estoy entendiendo’. Toda la noche me vine haciendo la pregunta de qué quiso decir, cuando me acompañó a tomar el camión, pero eso me hizo venir con más gusto, con más valor”.

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Y claro, le pregunto sobre el baile: “Me gusta mucho bailar, la danza allá [en Collantes] la realiza un grupo de puros hombres, a las mujeres no nos incluyen, es otra lucha, y al venir a representarla aquí queremos que vean que sí podemos”.

“Ustedes son las que tienen que llevar la voz, nosotras debemos acompañarlas”,

les ha dicho Laura García, directora de Fondo Semillas.

Veo a estas mujeres afromexicanas retirarse, muchas con una sonrisa dibujada en el rostro. Han logrado darle cauce a un proceso, han encontrado formas de dialogar y de organizar sus demandas. Han logrado unirse en un baile, están dejando de ser invisibles.

Fragmento del texto de Lizbeth Hernández de Kaja Negra

 

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