31 mayo, 2017 Staff Fondo Semillas

Luz Díaz: del sueño, el amor y la convicción, a la construcción de casas de salud en Chiapas

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María de la Luz Díaz es una partera tradicional, originaria del estado de Chiapas. A sus 36 años tiene ya una larga trayectoria en la lucha por el derecho de las mujeres indígenas a vivir una sexualidad plena, informada, autónoma y libre de violencia. Tal pareciera que desde muy niña una estrella la guiara en su camino. Desde muy pequeña se apegó a sus propios criterios y conoció su propia fuerza. Mujer de convicciones fuertes y claras, se asumió como líder, a fin de poder trabajar en pos de la justicia y la libertad de todas las mujeres.

Nació y creció en la pequeña comunidad de San Rafael. A los tres meses tuvo tétanos que le produjo una violenta contracción muscular en una de sus piernas, y le impidió caminar y correr igual que todas las personas. Pero esto no impidió que Luz desplegara su afán de conocimientos y su espíritu libre. Aunque su papá la cargaba para que pudiera ir a la escuela, sólo pudo cursar hasta tercer grado. En su casa, como era costumbre en muchos hogares, su papá regañaba y maltrataba a su mamá. Luz decía a su mamá: “vámonos, mami”. Su mamá le decía: “no, hija, es que así es cuando nos casamos; vamos a aguantar lo que él diga”. “Eso no es vida, mami, yo así no lo quiero a mi papá”. Pero su madre no le hacía caso, y se quedaba, y volvía a repetirse el ciclo de violencia. A pesar de esto, su mamá siempre fue un ejemplo de tenacidad para Luz; desde muy pequeña la acompañaba a las reuniones que hacían las mujeres para irse organizando para tratar sus propios asuntos. Dice Luz que de ella heredó la pasión por la participación en las organizaciones de mujeres.

Cuando dejó la escuela comenzó a estudiar para hacer su primera comunión. Una día le preguntaron qué quería Jesús, y ella contestó:

“Jesús vino al mundo, pero no vino a maltratar a las mujeres, como nos maltratan ahora. Jesús dice que vamos a cambiar, pues nosotras también tenemos que hacerlo”. Su excepcional inteligencia y asertividad le valieron que, a los ocho años, la nombraran coordinadora del área de niños en la catequesis. Después vino una etapa de formación con el Obispo Samuel Ruiz, en San Cristóbal de Las Casas.

Ávida de adquirir conocimientos, aprendió medicina alternativa con plantas naturales a San Cristóbal de Las Casas y se integró a Formación y Capacitación, organización apoyada por Fondo Semillas, con un importante trabajo comunitario en salud sexual y reproductiva. Para entonces Luz ejercía como partera tradicional. Pero esta práctica no fue el resultado de haber estudiado en un centro especializado o de haber aprendido de su madre o su abuela. Luz se convirtió en partera porque recibió el don en un sueño. Freyermuth y Montes, especialistas en el tema, refieren que las parteras “han adquirido su saber de otras parteras o por la experiencia de sus propios partos, pero éste es considerado principalmente como un don revelado que se les ha trasmitido durante el sueño”.

“Cuando tenía 17 años empecé a soñar la mujer con su pancita redonda, y miraba yo que lloraba, lloraba, y me pedía que la ayudara. ‘Ayúdame, yo sé que puedes, yo sé que puedes’. Y en mi sueño me mostraron cómo la mujer va a pujar; que la cabecita viene primero, que hay que limpiarlo, cómo voy a cortar el cordón umbilical, qué voy a ver de la placenta…”

Su cuñada fue la primera en pedirle que la atendiera. Fue así que pudo ir poniendo en práctica su entrega hacia la salud de las mujeres, su disposición de servicio, su alegría y generosidad, y sus saberes en medicina tradicional: plantas naturales, orinoterapia, preparación de medicinas, etc.

Luz no había querido casarse porque no quería tener un marido como su papá. Los tres novios que había tenido, la dejaron porque no querían que anduviera fuera de casa, viajando, reuniéndose con mujeres. Hasta que, a sus 26 años, apareció su compañero actual, quién sí supo respetar sus decisiones y su trabajo.

Yo le dije: ‘Yo trabajo, estoy en la calle por lo general, voy a prepas, doy taller, voy a comunidad 3 ó 4 días, y qué tal si vos querés que yo esté en la casa, yo no voy a poder, mejor búscate alguien que te quiera’. Y él me dijo: ‘Si yo no te estoy diciendo que te quedas en la casa ni que no vayas a dar tu taller, lo que yo quiero es que nos conozcamos, nos queramos, y si nos enamoramos, yo estoy dispuesto a no cortar tus alitas’.

“Entonces me gustó. Ya dije que sí, estuvimos tres años de novios. Me casé por la iglesia, porque yo soy creyente en dios. No me embaracé pronto, no me podía embarazar, o sea que pasé siete años sin bebé. Pero pude por medio de plantas. Y ni porque pasé siete años sin bebé él nunca dijo te voy a dejar o ya no te quiero. Él siempre me dice: ‘no mamacita, yo te quiero mucho como sos, vos nunca vayas a cambiar, así te quiero’. Bueno, pero seguimos luchando, y por fin me embaracé. Tenemos dos hijos”.

Luz lleva 17 años como partera y médica tradicional. Todo ese tiempo ha trabajado con y para jóvenes y mujeres indígenas de los Altos de Chiapas. Con el apoyo de Fondo Semillas, se ha organizado con otras mujeres para dar talleres sobre salud sexual y reproductiva, género, violencia, planificación. Las mujeres también le han pedido que aborde el tema de aborto y métodos de anticoncepción. Con otras parteras se dio cuenta de la necesidad de organizarse, de tener su propia asociación civil, Camati, mujeres construyendo desde abajo, la cual fue fundada recientemente. Se trata, en términos generales, de una alianza entre parteras jóvenes en formación, parteras profesionales y abuelitas para rescatar la partería tradicional, para que no se pierdan los conocimientos ancestrales. Se trata de complementar los saberes y conocimientos formales de unas con los de las otras.

Las parteras tradicionales son apreciadas y respetadas en las comunidades, por lo que ellas tienen la posibilidad de dar consejería a los jóvenes desde que están en la época de noviazgo. Ahí, hablan con ellas, y les transmiten no sólo información sino estrategias y alternativas para ejercer una sexualidad más libre y segura. A Luz las jóvenes le han dicho: “gracias por estar aquí, porque gracias a ti he aprendido a valorarme, a ejercer mis derechos, a decir no si no me quiero casar, a decir ya basta porque no quiero vivir así, he aprendido a dejar mi marido”, etc.

Fotografías: César Martínez / Cimac

Uno de los cambios que Luz ha podido observar es que muchas las mujeres están retrasando la edad de su matrimonio (26 a 30 años, incluso), y de su primer embarazo. Esto se debe a que se han visto fortalecidas por la información y capacitación que les han dado en materia de derechos sexuales y reproductivos, pero, sobre todo, para poder negociar con sus parejas el uso de métodos de anticoncepción.

El mayor logro de esta alianza de Luz con sus compañeras parteras es la construcción de una Casa de Salud para las Mujeres en Comitán, lo cual fue posible con el apoyo de Fondo Semillas. En ella reciben y atienden a cualquier mujer de la zona que lo necesite. Y es que, se ha demostrado, ocho cada 10 mujeres indígenas de la región de Los Altos prefieren ser atendidas por parteras, porque a diferencia del trato en los hospitales, en ellas encuentran calidez y son atendidas en su propio idioma y desde su propia cultura.

“Gracias por existir, gracias a las personas que fundaron Fondo Semillas. Fondo Semillas es único, porque da financiamiento a mujeres indígenas. Espero que nunca vayan a desaparecer. Tienen que formar a nuevas mujeres que se queden en sus comunidades”.

A nivel personal, el logro más grande de Luz es el cambio que pudo propiciar en su propio padre:

“Ahora mi papá tiene 90 años. Echa frijol, echa maíz, cuida a mis niños. Cuando yo me tenía que salir a vender, lo dejaba a mi hijito con mi papá. Él le hacía su pozol, le cambiaba su pañal. Estoy muy alegre por mi viejecito lindo, porque cambió”.

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