3 julio, 2017 Staff Fondo Semillas

Prevención de VIH con usuarias de drogas en Mexicali: la ardua labor de Lourdes en “La Estación”

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Lourdes Angulo se dedica desde hace más de 10 años la prevención de VIH y otras Infecciones de Transmisión Sexual entre Usuarios de Drogas Inyectadas (UDIs).

Nació en 1978, en San Luis Río Colorado, Sonora, y estudió Administración Pública en la Universidad Autónoma de Baja California. Recuerda con mucho cariño su infancia, pues nunca le faltó nada para disfrutar de la vida; no veía tele y casi no tenía juguetes, así que se la pasaba trepándose a los árboles. A los 14 años se hizo instructora de CONAFE. Ahí fue testigo por primera vez de las diferencias de género: “Los niños casi no faltaban, pero ellas sí. Cuando les preguntaba ¿”por qué no vino tu hermana?”, me decían: “es que no la dejó venir mi papá, se quedó ayudando a mi mamá o cuidando a mi hermanito.”

Como estudiante universitaria, Lourdes participó en una encuesta en la que entrevistó a mujeres migrantes en albergues y puntos de deportación: “Conocer sus historias de vida me sorprendía mucho; mujeres muy valientes que venían desde muy lejos, que en su trayecto pasaban cosas muy difíciles.” Posteriormente, entró trabajar a PSI México (Population Service International). Esta organización ofrecía servicios y productos para la prevención del VIH/SIDA, como distribución de equipo de inyección segura, condones e información a la población usuaria de drogas inyectables: hombres con prácticas homoeróticas, mujeres transgénero, trabajadoras sexuales, migrantes, personas con VIH y gente privada de su libertad.1 Ofrecían pruebas rápidas de VIH, canalización y acompañamiento a centros de salud, además de talleres sobre temas de violencia de género, salud sexual y reproductiva, y derechos humanos.

En 2013 PSI cerró su filial en México. Ella y algunos compañeros decidieron comprometerse a seguir trabajando por la salud y los derechos humanos de estas poblaciones. Con ese fin, constituyeron Integración Social Verter AC. En Mexicali, hasta la fecha no hay otra organización que se dedique a la provisión de estos servicios. Lourdes refiere que “la frontera es un lugar de tránsito de drogas que anteriormente iba de México a EU, pero luego comenzó a quedarse en México. También ahora se está dando mucho el consumo del ice cristal”.

A Lourdes le ha tocado conseguir fondos, escribir propuestas, someter proyectos a financiación, administrar los proyectos y llevar la contabilidad, establecer vínculos y alianzas interinstitucionales, dar talleres, canalizar y acompañar los usuarios a los centros de salud, promover la interposición de quejas por violaciones de derechos humanos, salir a brigadear a los picaderos, etc. Más recientemente se ha dedicado a impulsar sesiones de encuentro entre mujeres para ir tejiendo una red de apoyo mutuo. Aunque sea mayor el número de UDIs hombres que de mujeres, ellas padecen mayores violencias, por su condición de género:

“Es mayor el estigma hacia una mujer que es usuaria de drogas. Viven mucha violencia por parte sus parejas, quienes también son usuarios. A muchas no les permiten salir a buscar servicios de salud, para conseguir jeringas o por otras situaciones de salud que tengan. Y muchas, por el estigma, prefieren no salir mucho. También son muy violentadas por los policías, algunas de ellas también realizan trabajo sexual, entonces se encuentran en ese contexto. Poco a poco hemos logrado acercarlas más y cada vez es mayor el número de mujeres que vienen por jeringas. A muchas de ellas todavía vamos a buscarlas a sus lugares, pero la idea es que vengan, pues aquí les podemos ofrecer las pruebas de VIH o de embarazo. Y apoyarlas cuando fueron víctimas de violación, por ejemplo, de los policías, que las acosan mucho. Es muy común, por ejemplo, que si acuden a hospitales públicos, les digan: ‘¡Ah!, eres usuaria de drogas, te quieres morir’, y por eso no las quieren atender”.

Una mujer usuaria de drogas intercambia jeringas usadas por nuevas.

El principal logro de Verter ha sido poder mantener su centro de atención La Estación durante cuatro años. Aunque han logrado obtener fondos para el suministro de insumos, ninguna institución pública les ha apoyado con el pago de la renta o servicios. Y, de todos modos, ya es un lugar reconocido por la población: “Le tenemos mucho cariño por lo que implica, no es una oficina, es un compromiso personal y de vida.”

El proyecto apoyado por Fondo Semillas, les permitió organizar grupos de apoyo para mujeres en Mexicali, San Luis Río Colorado y Tijuana. Estos grupos han permitido que las mujeres puedan ubicarse y reconocerse; que estén pudiendo compartirse entre ellas experiencias personales. Muchas de ellas están en el mismo contexto, en la zona centro, y se ubican de vista, pero antes de estas sesiones no solían vincularse:

“Ellas están tan ocupadas en su situación de consumo, de trabajar, de talonear para sacar para su dosis, a veces hasta para la de su pareja, que no tienen la oportunidad de detenerse un poquito a hablar con alguna otra chica usuaria; no tienen casi amigas, no tienen red de apoyo ni familiar, están muy solas. Lo importante es que tengan la oportunidad de compartir situaciones de salud, de violencia. Una contaba cómo pudo resolver una situación, y entonces comenzaban a aconsejarse entre ellas. Muchas usuarias, de repente, por situaciones de salud, como sobredosis, llegan a morir, solas, hasta de tuberculosis. A lo mejor tienen pareja, pero cuando se enferman, las dejan; realmente no se preocupan por su salud, les da miedo, prefieren huir; no quieren hacer algo por ellas porque piensan que los van a culpar, muchas veces, las dejan ahí solas por una sobredosis. Ahora pasan dos días y si no han visto, por ejemplo, a Sandra, comienzan a preguntarse ¿Dónde está Sandra? ¿Alguien sabe dónde vivía? Hay que ir a buscarla. Porque ellas siempre andan fuera, salen mucho. Entonces si a una dejan de verla uno o dos días --porque salen diario--, entonces ya es una alerta, ¿Qué está pasando con ella? Algo le pudo haber pasado”.

Este fortalecimiento de sus vínculos ha sido crucial. Ya no se trata nada más de VIH o ITS:

“Muchas de las usuarias embarazadas no tienen acceso a servicios de salud prenatal. Lo grave es que cuando sí tienen acceso, por el solo hecho de ser usuarias de drogas en los hospitales les quitan a sus niños. Los doctores son muy insensibles ante el síndrome de abstinencia. Cuando estas chicas están en parto o post-parto sin ningún medicamento, prácticamente las obligan a huir del hospital, y dejan a su bebé, y cuando regresan, les dicen ‘no, pues, te fuiste, lo abandonaste’”.

Además, ha detectado la necesidad de trabajar en la prevención de violencia:

“Hay que pensar en las niñas y adolescentes; créeme que aquí en las ciudades fronterizas el consumo de drogas es muy alto, y cada vez inician de más pequeñas. Son mujeres con muchas necesidades de salud y problemas de violencia, que no tienen redes de apoyo. Son mujeres que, si les das una oportunidad, otras alternativas, podrían, incluso, dejar de consumir. Pero hay que ofrecerles alternativas. Es una cuestión de salud pública. Cada vez, el VIH está afectando a mujeres más jóvenes, de diferentes contextos”.

Lourdes sabe que su apuesta por mantener La Estación ha rendido frutos: las mujeres sienten que hay un centro en donde las pueden apoyar, más allá de las jeringas o los condones; llegan chicas a compartir un problema de pareja o, a veces simplemente a platicar. “Son constantes y muy comprometidas, tratan de venir diario”. Se siente muy orgullosa de haber tomado la decisión de continuar con su labor. Se ve por mucho tiempo trabajando en Verter. “Me encanta estar aquí, estar en campo, ir a las comunidades”.

1 En México, Baja California es una de las entidades que presenta una mayor prevalencia del uso de drogas ilegales. Cfr. Salazar Páez, Iraís. El consumo de drogas ilegales en Baja California. Una perspectiva desde los determinantes sociales de la salud. Tesis de Maestría en Estudios de Población, El Colegio de la Frontera Norte, Tijuana, 2012,  págs. 40-43.

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