Dar la vida por la lucha: Jaime y la Brigada Callejera

14 mayo, 2020 Fondo Semillas

Dar la vida por la lucha: Jaime y la Brigada Callejera


Foto tomada de sexta-azcapotzalco.blogspot

Por Tania María Carrillo (@tunamarilla)

Agosto 2019: La visita 

Se llaman Brigada Callejera porque realizan sus acciones en colectivo y porque lo hacen en las calles, pero brigada también habla de batallones, de una estructura de combate, de defensa para la supervivencia. Y es que lo que hace este grupo de mujeres, que también es una familia y un espacio de seguridad y amor agradecido entre sus integrantes, radica en darle incansable batalla a la vida misma, porque, así como les ha tocado, está atravesada por violencias crudas, sórdidas, brutales. Algo que resulta difícil de nombrar, pero a lo que es fundamental ponerle palabras: porque en el nombre está la existencia y, en la existencia, la posibilidad de escoger la vida. Está claro que estas mujeres ya no sobreviven respiran y están muy vivas luchando.

Después de conocerlas se necesita una pausa, un momento para honrarlas. Las honro desde mi escucha y mi silencio, e intento hacerlo también desde estas letras. Espero lograrlo. 

Ellas son trabajadoras sexuales, o lo fueron antes aunque sigue siendo importante señalar que se identifican como tales. Lo enuncian, y desde ahí, marcan la pauta de la dignidad y el respeto. En la médula de lo que las define está la decisión que tomaron de dedicarse al trabajo sexual. Así: trabajo, con todas sus letras, como lo es también limpiar casas ajenas, ensamblar mecánicamente piezas en una maquila o coser inacabables pedazos para armar una prenda; trabajo que, como todos estos otros, usa el cuerpo como su fuerza. Sin embargo, lo que se juzga de este, no es lo mismo. Su singularidad y su condena recae en el castigo moral. El motivo es que el sexo está de por medio, y en este mundo es pecado, innombrable y está maldito.


Foto Mark Tuschman

Siempre perseguidas por la inquisidora pregunta de la sociedad: cómo una mujer puede ser puta, seguida de la respuesta inmediata: pobrecita. No cabe en el imaginario que una mujer decida querer ser puta, así que a las trabajadoras sexuales se las descalifica, se las criminaliza y se las olvida, como si ellas no fueran humanas. Estas mujeres cargan a cuestas con la lápida que quiere sepultarlas, pero no se dejan, le dan la vuelta y mejor la usan para hacerse escudos y defenderse con mayor vehemencia. Son caracolas aguerridas.

No se ocultan, pero no todas comparten sus historias más profundas tampoco era un requisito para conocernos. Hablaron de lo que les nacía y lo que necesitaban: su nombre, a veces una narración sobre su participación dentro de Brigada, otras, su adolorido recorrido antes de conocer a Elvira, una de las fundadoras de la organización, soporte vital de la colectiva, defensora de sus derechos, pero también amiga y hasta madre de algunas de ellas. Conmueve profundamente ser partícipe de sus afectos y compartirlos. 

Rosa Icela y Jaime, lxs otrxs fundadores y pilares de Brigada, también están presentes acompañando. Son testigos amorosxs que permanecen en silencio, pero cuya voz y cuerpo se manifiestan contundentes cuando es lo que se requiere de ellxs. Juntxs, Elvira, Rosa Icela y Jaime, han hecho de su vida un proyecto para luchar por los derechos humanos de las trabajadoras sexuales, las chicas como las llaman, la población invisibilizada y al mismo tiempo estigmatizada que ellxs han dignificado incansablemente, su tribu, la Brigada Callejera.


Foto Mark Tuschman

Mayo 2020: COVID-19 

Jaime murió en la madrugada del 5 de mayo por COVID-19. Se contagió luchando. 

Frente a la pandemia, los hoteles cerraron y muchas trabajadoras sexuales perdieron con esto su vivienda y fuente de ingreso. El gobierno de la Ciudad de México ofreció un seguro de desempleo por tres meses que nunca llegó, así que Jaime estuvo entregándoles despensas y apoyos, pues ellas siguen necesitando un techo y comida. 

Murió sin rajarse, como dicen las chicas. Murió luchando junto a todas. Y nosotras, desde acá en Fondo Semillas, no pudimos despedirlo con nuestra presencia corporal, como hubiéramos querido. Así que lo hacemos así, con las palabras y las intenciones que honran y agradecen, con nuestros corazones bien puestos. 

Gracias Jaime, tu huella es luz.


Foto Animal Político (Cortesía de la familia de Jaime Montejo)