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En 1969, Petra Hermillo llegó a Chilpancingo, Guerrero, acompañada de sus papás que buscaban trabajo. Venían del municipio de Ahuacotzingo. Al poco tiempo falleció su padre. A su mamá y a sus seis hermanos les faltaba el dinero (en realidad, les faltaban muchas cosas) y para poder pagar la renta, la madre de Petra se vio obligada a “prestar” a sus niñas, es decir, las puso a trabajar como empleadas domésticas. Petra tenía nueve años.

En su primer empleo Petra hacía la limpieza y cuidaba a una señora mayor. La comida que le daba su empleadora no era buena, estaba echada a perder. Renunció y se fue a otra casa. Luego a otra y a otra. Siempre era lo mismo o peor: no le permitían usar el baño, querían que se quedara a dormir, el trato era denigrante, si en la casa había otros niños (como la misma Petra) debía recoger varias veces el tiradero que hacían al jugar y, para colmo, el pago era mensual.

Trabajadoras del hogar de la Red de Mujeres Empleadas del Hogar de Guerrero

Así comenzó la adolescencia y después la vida adulta: una larga historia de trabajo diario, sin poder asistir a la escuela, ayudando a su mamá a cumplir con los gastos, en decenas de trabajos informales, sin descanso ni seguridad social. “Entre mis empleadores hubo quienes quisieron imponerme un partido político diciéndome por quién debía votar o los que quisieron establecer tratos ventajosos como dejarme ir a la escuela a cambio de mi trabajo”.

Un día una conocida invitó a Petra a una plática sobre los derechos de las mujeres y ahí vio un cartel que decía: 22 de julio, Día Internacional del Trabajo Doméstico. Entonces sintió un gusto enorme pues al fin descubría que su trabajo era algo importante y había quienes hablaban de ello. Petra preguntó de dónde habían traído ese cartel. De la Ciudad de México. Luego preguntó quién lo había hecho. Alguna organización que defendía los derechos de las trabajadoras del hogar… Esto ocurrió en el año 2000, cuando la madurez, el conocimiento y las ganas de luchar por sus derechos y los de su hermana, y los de tantas otras mujeres eran todo y una misma cosa: el anhelo de una vida justa.

Petra asistió a varias pláticas sobre el trabajo doméstico y entabló relación con diversos grupos; algunas de sus compañeras tenían miedo de que sus patrones se enteraran de estas reuniones y las corrieran o ejercieran represalias. Pero se organizaron y definieron su identidad.

En el mismo año 2000, Petra conoció a otras mujeres que luchaban por los derechos de las empleadas del hogar. Formaron un vínculo, una red de economía de género. No tenían dinero para viajar pero se las ingeniaban para realizar los encuentros, las pláticas, incluso fueron a la radio y buscaron hacer conciencia de uno de los problemas más notables de su situación laboral: que nunca habían tenido representación legal.

“Comencé a identificar el uso de las palabras, a notar que había formas que no me gustaban, que no estaban bien, queríamos llamarnos empleadas del hogar, no chachas, ni sirvientas, ni criadas o nanas”.

Inauguración de la Casa Solidaria que brinda alojamiento a trabajadoras del hogar

“Fondo Semillas aporta mucho al crecimiento de las trabajadoras del hogar, su ayuda ha sido invaluable”.

Petra ya tiene 58 años. Es una de las fundadoras de la Red de Mujeres Empleadas del Hogar AC. Su organización ya tiene dieciséis años y cada día fortalece más su presencia en el estado de Guerrero (donde hay más de 57 mil trabajadoras del hogar). Permanentemente llevan a cabo el Programa de Atención a Trabajadoras del Hogar, en el cual enseñan sobre derechos, crecimiento, autoestima, desarrollo de capacidades humanas, etc. Asimismo, sostienen una casa solidaria en donde ofrecen alojamiento a aquellas trabajadoras que lo necesiten.

Petra es pionera en la lucha por los derechos de las trabajadoras del hogar, y su esfuerzo continúa y está vigente: a la fecha, el gobierno mexicano no ha ratificado el convenio 189 de la Organización Nacional del Trabajo (OIT) en el que se establecen los derechos y obligaciones de las trabajadoras del hogar y sus empleadores, por tanto, Petra y su organización no quitan el dedo del renglón y continúan presionando para que finalmente éste sea reconocido.

“Las condiciones de trabajo de las empleadas domésticas son temas que apenas se tocan en las conversaciones políticas o públicas. Estamos en el año 2017 y las condiciones de algunas trabajadoras se parecen a las de la esclavitud”.

  • En México 2.3 millones mujeres se dedican al trabajo del hogar remunerado
  • 9 de cada 10 no tienen ningún tipo de prestación –aguinaldo, vacaciones pagadas, o seguro médico– ni contrato escrito
  • 63% reciben salarios tan bajos que no les alcanzan para satisfacer sus necesidades básicas

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Fuentes:
Inegi (2017). Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) [Primer trimestre de 2017]. Instituto Nacional de Estadística y Geografía. Disponible en: http://www.beta.inegi.org.mx/proyectos/enchogares/regulares/enoe/?init=3
Fuentes, Mario L. (2017). México social: el invisible trabajo doméstico. Excélsior. Disponible en: http://www.excelsior.com.mx/nacional/2017/03/28/1154472
Pulso, Diario de San Luis. (2017). El 99% de las empleadas domésticas en México trabaja sin contrato. Disponible en: http://pulsoslp.com.mx/2017/07/20/el-99-de-las-empleadas-domesticas-en-mexico-trabaja-sin-contrato/