“Cuando las Maras
dicen ‘eres para mí’,
es así”.

María

Dos mudas y una mochila pequeña. Es lo que trajo María cuando dejó Honduras, a su abuela, su única familia, y todo aquello que conocía. Tenía doce años cuando las Maras la obligaron a ser su espía en San Pedro Sula; a los diecinueve tuvo las fuerzas para migrar con el deseo de recuperar la paz y su libertad.

Salió en la penumbra de la madrugada y recorrió cerca de 700 kilómetros hasta Ciudad Hidalgo, Chiapas, escondida en la caja de un camión de carga.

Las Maras la venían siguiendo. La alcanzaron en un poblado del sureste de México, amagándola con una pistola en la cabeza y aventándola en una cuneta. Afortunadamente, un hombre que escuchó sus gritos la auxilió y sus atacantes decidieron huir.

“Pues lo que más deseo es traerme a mi abuelita y volver a estudiar”, cuenta desde el refugio donde –gracias a una de las organizaciones que apoya Fondo Semillas– finalmente se siente segura para poder soñar con un futuro.

*Su nombre real es omitido para proteger su identidad.

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